Lo peor de la crisis está por llegar, afirma Solbes
El ministro de Economía estima que la recuperación empezará a producirse a partir de 2010 Pide a las empresas responsabilidad en sus cifras de beneficios y a los trabajadores, moderación salarial
Lo peor está todavía por llegar. Así lo ha asegurado Pedro Solbes, que espera la vuelta a la normalidad en 2010.
El ministro de Economía, Pedro Solbes, se ha contagiado también del pesimismo que rodea a la economía española desde hace aproximadamente un año. Ayer, en su comparecencia ante los mimebros de la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso de los Diputados, el vicepresidente segundo no consiguió transmitir lo que pidió a todos: optimismo. Según adelantó, el crecimiento económico «seguirá débil durante varios trimestres» y se situará a final de año en torno al 1,6% en términos de PIB. De acuerdo con sus previsiones, el PIB tocará suelo a lo largo de 2009, momento en el que se empezará a observar una «gradual recuperación».
Solbes insistió en su argumentos de otras comparecencias: los fundamentos de la economía española son sólidos y permiten ser optimistas de cara al futuro. El ministro reconoció la gravedad de la situación actual y las negativas repercusiones que ha tenido el brusco deterioro de la actividad internacional y de los mercados financieros.
El ministro enumeró las medidas adoptadas por el Gobierno para frenar las consecuencias de la crisis y pidió a todos los agentes sociales «serenidad y confianza», porque no existen medidas milagrosas. Solbes ve en el acuerdo entre empresarios y sindicatos una baza crucial para superar la crisis y repartir de forma equilibrada los costes de la misma entre los márgenes empresariales y el crecimiento de los salarios, variables que tendrán que adaptarse a la nueva realidad económica, aunque descartó establecer normas vinculantes acerca de lo que deben hacer las empresas con sus beneficios para hacer frente a la crisis. Solbes se limitó a apelar a su propia responsabilidad.
Solbes reservó su tono más solemne para asegurar a sus señorías lo que no había que hacer nunca en una situación como la actual: ayudar con el dinero de los contribuyentes a las empresas privadas que han tomado decisiones empresariales poco acertadas. «Son los accionistas los que deben asumir las eventuales pérdidas derivadas de su actividad».
La gran esperanza del Gobierno es ahora la caída del precio del barril de petróleo, que ha pasado de 147 dólares a 125.
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