Los españoles y el ladrillo
Cuando todos los españoles que reflexionaron sobre el asunto, supieron que España había construido tantas viviendas como todo el resto de Europa, se preguntaron hasta donde podía llegar la burbuja. No se imaginaron que esta estaba condenada a reventar en algún momento. Nuestro desarrollo estaba basado en dos factores de riesgo: el turismo y el ladrillo. Cada año, la llegada de turistas iba en aumento desde los tiempos de la dictadura. Había muchos lugares exóticos y baratos que carecían de infraestructura o estaban en guerra. Algún día se abrirían al turismo europeo y este desertaría nuestras masificadas costas aunque otros visitantes nuevos nos llegasen de países emergentes. El ladrillo empezó desastrosamente con iniciativas destinadas a viviendas sociales como la ugetista PSV (Promoción Social de Viviendas). La menor rentabilidad que daban los depósitos bancarios hizo que todo el mundo canalizase sus ahorros hacia la compra de pisos, no para obtener una renta de su alquiler sino simplemente dejando que creciese anualmente el capital con unas plusvalías que no se obtenían en ningún otro negocio. Nadie quiso pensar en que esas revalorizaciones sistemáticas podían tener fecha de caducidad.
Túnez, Marruecos o Turquía empezaron a organizar y mejorar sus infraestructuras turísticas. Se acabaron las guerras balcánicas y países como Croacia, Eslovenia, Albania, Rumanía y Bulgaria sacaron al mercado ofertas más baratas que las nuestras en países cargados de Historia, arte y playas. Somos los segundos receptores de turistas del mundo después de Francia pero en ingresos, somos terceros y con tendencia a bajar en el ranking. Hasta la caída del dólar, EE.UU. estaba por encima de nosotros pero China y la India ya nos están disputando los primeros puestos, no per cápita pero si en ingresos totales. Debemos cuidar nuestras costas y centrarnos en el desarrollo cultural del interior, la gastronomía y la diversidad de nuestros paisajes.
Mientras los jóvenes no conseguían independizarse por los altos precios del alquiler, teniendo cerca de 3,5 millones de viviendas vacías (2005), había inversores privados con una docena de pisos deshabitados pero que incrementaban anualmente su valor. El crédito relativamente fácil de obtener, sin llegar a ser como las hipotecas subprimes estadounidenses, permitía incrementar “la cartera” de ladrillos de muchos inversores. El boom se ha terminado. Los incrementos se hacen cercanos al índice de inflación y muchos son los propietarios de pisos vacíos que tendrán que vender o dedicar al alquiler. Habrá que equilibrar la relación vivienda-propiedad/vivienda-alquiler. Actualmente es de 85% a 15%. Esto facilitará la independencia y movilidad de los jóvenes que podrán, por fin, abandonar el nido materno. España tenía 24.677.227 viviendas a finales de 2006 para un total de 16,03 millones de familias. Un promedio de 1,54 viviendas por familia española, la tasa más elevada del mundo.
La crisis ha nacido en Estados Unidos pero la globalización ha hecho que afecte inmediatamente a Europa. La gravedad de la misma viene dada por la conjunción de varios factores ajenos a nuestro país: los precios del petróleo han dado pie para que los carburantes de origen vegetal, absorban ingentes cantidades de cebada y maíz que normalmente iban al consumo humano y como pienso para la ganadería. Más que el petróleo -que afecta a los transportes- son los productos agrícolas en general, la cesta de la compra la que se ha resentido. La confianza de los consumidores se ha visto quebrantada y la profecía que se auto-realiza ha hecho su aparición. La gente gasta menos para aguantar el chaparrón pero al no comprar reduce los ingresos de la empresas productoras y estas despiden gente que ve reducidos sus ingresos al mero subsidio de paro. El miedo y la falta de confianza en el futuro inmediato, pueden llevar una economía sana a un peligroso parón. Y ahora viene la pregunta del millón: alguna de las dos soluciones que PP y PSOE presentan a los electores no parece que va a solucionar el problema, como tampoco lo van a solucionar los millones de dólares que George W. Bush pone en manos de sus compatriotas para que gasten y se mantenga el nivel de producción del tejido industrial del país.
Túnez, Marruecos o Turquía empezaron a organizar y mejorar sus infraestructuras turísticas. Se acabaron las guerras balcánicas y países como Croacia, Eslovenia, Albania, Rumanía y Bulgaria sacaron al mercado ofertas más baratas que las nuestras en países cargados de Historia, arte y playas. Somos los segundos receptores de turistas del mundo después de Francia pero en ingresos, somos terceros y con tendencia a bajar en el ranking. Hasta la caída del dólar, EE.UU. estaba por encima de nosotros pero China y la India ya nos están disputando los primeros puestos, no per cápita pero si en ingresos totales. Debemos cuidar nuestras costas y centrarnos en el desarrollo cultural del interior, la gastronomía y la diversidad de nuestros paisajes.
Mientras los jóvenes no conseguían independizarse por los altos precios del alquiler, teniendo cerca de 3,5 millones de viviendas vacías (2005), había inversores privados con una docena de pisos deshabitados pero que incrementaban anualmente su valor. El crédito relativamente fácil de obtener, sin llegar a ser como las hipotecas subprimes estadounidenses, permitía incrementar “la cartera” de ladrillos de muchos inversores. El boom se ha terminado. Los incrementos se hacen cercanos al índice de inflación y muchos son los propietarios de pisos vacíos que tendrán que vender o dedicar al alquiler. Habrá que equilibrar la relación vivienda-propiedad/vivienda-alquiler. Actualmente es de 85% a 15%. Esto facilitará la independencia y movilidad de los jóvenes que podrán, por fin, abandonar el nido materno. España tenía 24.677.227 viviendas a finales de 2006 para un total de 16,03 millones de familias. Un promedio de 1,54 viviendas por familia española, la tasa más elevada del mundo.
La crisis ha nacido en Estados Unidos pero la globalización ha hecho que afecte inmediatamente a Europa. La gravedad de la misma viene dada por la conjunción de varios factores ajenos a nuestro país: los precios del petróleo han dado pie para que los carburantes de origen vegetal, absorban ingentes cantidades de cebada y maíz que normalmente iban al consumo humano y como pienso para la ganadería. Más que el petróleo -que afecta a los transportes- son los productos agrícolas en general, la cesta de la compra la que se ha resentido. La confianza de los consumidores se ha visto quebrantada y la profecía que se auto-realiza ha hecho su aparición. La gente gasta menos para aguantar el chaparrón pero al no comprar reduce los ingresos de la empresas productoras y estas despiden gente que ve reducidos sus ingresos al mero subsidio de paro. El miedo y la falta de confianza en el futuro inmediato, pueden llevar una economía sana a un peligroso parón. Y ahora viene la pregunta del millón: alguna de las dos soluciones que PP y PSOE presentan a los electores no parece que va a solucionar el problema, como tampoco lo van a solucionar los millones de dólares que George W. Bush pone en manos de sus compatriotas para que gasten y se mantenga el nivel de producción del tejido industrial del país.
Etiquetas: construcción, españa, europa, hipotecas, ladrillo, precio vivienda, turismo, vivienda

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